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Estalló una guerra silenciosa en Canal 9. La de los productores de las nuevas ficciones contra Viviana Canosa. Según ellos, su programa no le da ni medio segundo de difusión a sus productos. Aquí encuentras la info que puse y un planito que hice para la ubicación, está detrás del Bazar de las Especias entre las dos calles que suben hasta el Gran Bazar. No bajes las escaleras entras por el pasillo al fondo hay unas escaleras que suben y ahi esta la tienda. Parece complicado pero no lo es,yo segi esas indicaciones y llegue enseguida, aparte de preguntar..

En 1851 se decide que las construcciones de la derecha de Independencia donde est la CAI pueden llevar porches y los de la izquierda no. Y no se admitieron hasta 1883. Para entonces, la burgues de nuevo cu empieza a instalarse all La plaza Arag hab nacido en 1841, bajo el nombre de glorieta de Pignatelli, que servir para unir este paseo con el arbolado de Sagasta.

Llegamos a Gramercy Park: «preciosos jardines privados en medio de Manhattan». Al leer lo de «privados» no me imaginé que podía haber un parque en medio de la ciudad que tuviese llave para entrar. No merece la pena la visita al no poder entrar. Modern culture is calling us, and it is vital for the life of our nation that we should imitate ‘our sisters in the West who are making a contribution to the progress of their countries.’ However, the French journalist told me, next day Sidi Mohammed Tazi, mandate of Tangiers, had given orders that any Moroccan woman dressed in European clothes should be put under arrest: ‘What is all right for a princess is not all right for other women. If our women start wearing Western clothes, before long they’ll be drinking, then dancing, and then they’ll be going down at night to sleep with men on the sea shore:’ When photographs appeared of Aisha in a swimsuit on the beach at Rabat, EI Glaoui of Marrakesh judged them outrageous and Aisha, with her jodhpurs, her brief tennis skirts and her Benny Goodman records, contributed not a little to the sultan’s exile in Corsica and subsequently in Madagascar. When Aisha returned, acclaimed by thousands of women, the strongest among whom had refused for two ‘years to surrender themselves to their husbands ‘so that they should not give birth to children conceived in humiliation’, she had to keep her speeches considerably more prudent.

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