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Finalmente, luego de ver barrios nuevos para nosotros, llegamos al centro comercial en dos horas en lugar de una. Atravesamos varios parecidos a Pocitos y a Punta del Este, con edificios modernos de muchos pisos; otros a Carrasco, con preciosos chal con amplios jardines ; uno finalmente que nos llevo por un momento a Marruecos, lleno de hombres con barbas de tres di y mujeres tapadas con esos horrorosos trapos de monja. Ellos haciendo boliche las mujeres isl no se atreven a concurrir y las otras no son bienvenidas , ellas las compras o llevando y trayendo a la numerosa prole a menudo en regios autos pero cubiertas de la cabeza a los pi como Al manda y los machos obligan..

Voy a intentar que me la deje mi padre en el veterinario y pasarme a recogerla yo a medio día o que después me la deje él en el piso pero presiento que me va a mandar a la mierda porque aparte que no le gusta, tiene trabajillo. Me levantaré antes para hablar con él y si no accede, me voy a hacer un cambio de horario porque sí, de 8 a 6 y comiendo en 2h pero de 1 a 3 para llevarla en ese rato. Que a medio día no cierran que yo recuerde.

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End it imploran los comentaristas mientras ellos mismos también se ven forzados a sobrevivir a esos siete días en el infierno deportivo. Algo de eso me sucedió viendo Serena, la nueva película de Susanne Bier con la dupla Jennifer Lawrence Bradley Cooper, película a la que es imposible no rogarle un final precipitado que acabe con semejante hastío. La historia se desarrolla en la Carolina del Norte de 1920, contexto en el que se cruzan George Pemberton (un distraído Cooper) y Serena (Lawrence), quienes, tras un breve y descorazonado cortejo (la película llega al paroxismo de la sensación de amor a primera vista), deciden casarse y construir un imperio maderero.

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