La historia del puente nuevo de Ronda

A pesar de los conventos, iglesias, palacios, coso taurino y calles pintorescas, el monumento por el que todo viajero pregunta en la recepción de cualquiera de los hoteles en Ronda, es el Puente Nuevo. Sobre la garganta del Tajo excavada por el río Guadalevín, de más de 100 metros de profundidad, se erige esta maravilla de piedra que une la zona histórica y moderna con majestuosa entereza.

Las obras de construcción comenzaron en 1759 con mano firme para evitar que ocurriese como con el puente anterior, que se derrumbó sobre el Tajo con un estruendo que dejó a la ciudad sobrecogida. Cuentan las crónicas que las obras del Puente Nuevo de Ronda se iniciaron en 1733 siguiendo un proyecto del Juan Antonio Camacho quien la dirigió contando con la colaboración de José García; dicen las malas lenguas que o bien se presentó un presupuesto bajo o bien quisieron lucrarse ya que el puente se hundió un día antes de la Feria de mayo. El pueblo dice entre dientes que fueron muchos los muertos aunque un informe del alcalde de Ronda por aquel entonces, D. Teodosio Delgado y Mentera, afirme lo contrario.

Según Francis Carter, el puente de 380 metros de altura y un solo arco que iba de roca a roca se derrumbó porque la clave del arco no fue asegurada ni su fuerza era proporcional a su altura; los arranques del arco aún se pueden ver en la actualidad por uno de los balcones cercanos al hotel Don Miguel, uno de los Hoteles en Ronda más emblemáticos.

Para evitar una nueva catástrofe se inició nueva construcción modificando los planos originales para que el nuevo aguantara con firmeza los siglos venideros hasta tal punto que fue prisión. Quien se aloje en alguno de los Hoteles en Ronda debería preguntar a los lugareños la historia de los que estuvieron presos en estas dependencias: es fascinante.

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